Suelen decir que cuando se resfría VW se abriga Navarra. Y hoy es día para ponerse la camiseta de tirantes

Iñaki Urdániz Munárriz
Iñaki Urdániz Munárriz
Actualidad | Periodista especializado en actualidad y análisis social con experiencia en diversos medios de comunicación. Dedicado a cubrir las noticias más relevantes del día a día, aportando siempre una visión clara, rigurosa y comprometida con la verdad informativa.
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Suelen decir que cuando se resfría VW se abriga Navarra. Y hoy es día para ponerse la camiseta de tirantes

Hay días que se graban en la memoria colectiva de una comunidad por cosas que, a priori, parecen pequeñas pero que en realidad representan mucho más de lo que a simple vista se intuye. El jueves fue uno de esos días en Navarra. En las instalaciones de Volkswagen Landaben, bajo un sol que no invitaba precisamente a abrigarse, se levantó el telón sobre lo que durante demasiados años fue un proyecto envuelto en incertidumbre: el ID. Cross, el primer modelo eléctrico que la marca de las tres «V» saca de la factoría navarra. No era una presentación más. Era una declaración de intenciones, un puente entre el pasado industrial de la comunidad y un futuro que, hasta hace bien poco, muchos miraban con escepticismo.

Porque Navarra sabe lo que es esperar. Sabe lo que es construir sobre cimientos que a veces parecen tambalearse. Y también sabe, como bien reza el dicho popular que tantas veces ha resonado en las tertulias de la capital foral, que cuando se resfría Volkswagen, se abriga Navarra. La relación entre la industria automovilística y la economía de esta comunidad es demasiado profunda como para tratarla como una anécdota. Más de un tercio de la actividad económica de Navarra depende, directa o indirectamente, del sector que rodea a la factoría de Landaben. Y cuando esa columna vertebral se tambalea, todo el tejido productivo siente el vértigo.

Lo del día histórico es, en la actualidad, como lo de este partido es una final en el deporte. Que de tanto usarlo, se nos rompe, como el amor de Rocío Jurado. Pero si lo dices con acento alemán, igual nos lo creemos. Y esa es precisamente la baza que Michael Hobusch, presidente de Volkswagen Navarra, ha jugado esta mañana desde el escenario de la presentación. Con la serenidad de quien sabe que los números hablan por sí solos, ha desglosado lo que el ID. Cross representa no solo para la marca, sino para toda una región que ha apostado por la electrificación como palanca de transformación.

Landaben vuelve a liderar la apuesta eléctrica de Volkswagen

Lo que durante mucho tiempo eran proyectos sobre el papel, promesas en presentaciones corporativas y, en no pocas ocasiones, rumores que crecían más rápido que la realidad, hoy ya se puede tocar. Literalmente. El ID. Cross descansa en las líneas de producción de Landaben y, lo que es más importante, se puede conducir. Es el primer modelo eléctrico de la marca que sale de estas tierras, y ese dato no es menor. La planta navarra ha sido durante décadas un pilar fundamental en la estrategia global de Volkswagen, y que ahora lidere la transición hacia la movilidad eléctrica consolida su relevancia dentro del consorcio alemán.

La presentación ha contado con la presencia de la presidenta María Chivite, que no ha dejado pasar la ocasión de dirigir un mensaje muy claro a quienes, en momentos de incertidumbre, se dedicaron a poner nubes sobre el cielo de la principal industria de la comunidad. Sin mencionar nombres ni agitar varitas políticas, Chivite ha dejado entrever que hay actores que han dificultado el camino de una industria que, recordemos, es la que más empleo genera en la comunidad foral. El mensaje fue directo: Navarra no va a permitir que nadie saboteé una inversión que representa el presente y el futuro de miles de familias.

Esa tensión entre el optimismo industrial y la realidad política no es nueva. De hecho, se enmarca dentro de un contexto más amplio que Navarra conoce bien. La crisis del Túnel de Belate, que ha acentuado la tensión política en la comunidad a meses de las elecciones, es un ejemplo paradigmático de cómo las decisiones infraestructurales y los vaivenes del Gobierno foral condicionan la capacidad de atraer inversiones y mantener la competitividad del tejido productivo. Si Volkswagen necesita carreteras bien mantenidas y un marco administrativo estable, la política local tiene la responsabilidad de garantizarlo.

Un tercio de la economía navarra mira hacia Landaben

El jueves no fue solo un acto corporativo. En paralelo a la presentación del ID. Cross, el gobierno de Chivite explicó su plan de futuro a los agentes económicos de un sector que supone más de una tercera parte de la economía navarra. Esa cifra no es un dato abstracto: significa que las decisiones que se toman en las mesas de negociación de Landaben se trasladan, con efecto inmediato, a los comercios de Pamplona, a los servicios de Tudela, a las explotaciones agrícolas del Valle de Egüés y a cada rincón de la comunidad foral. La interdependencia es total.

Contando lo que pasa en antena desde 1998, pasando por COPE, Radio Marca, Onda Cero y desde 2018 en la Cadena SER Radio Pamplona, hay una perspectiva suficientemente larga para valorar lo que significa este momento. Han sido décadas de oscilaciones entre la esperanza y la preocupación, de ciclos económicos que han golpeado con fuerza a una región que ha apostado por la industria pesada en un territorio donde la geografía y la política exigen equilibrios permanentes.

El ID. Cross no es solo un coche. Es la materialización de una apuesta que costó años de negociación, inversión millonaria y, sobre todo, una fe inquebrantable en la capacidad de los trabajadores y técnicos de Landaben. La transformación de una planta histórica en un centro de producción eléctrica no se consigue con comunicados de prensa; se consigue con decisiones valientes, formación continua y, inevitablemente, con algo de paciencia. Y esa paciencia ha sido la que ha faltado en demasiadas ocasiones, cuando la burocracia y los vaivenes políticos han frenado lo que la visión industrial demandaba. Un ejemplo que resuena especialmente en Navarra es cómo la burocracia ha frenado la esperanza de vivienda en Sarriguren y Ezkaba, dos caras de la misma moneda que ilustra la tensión entre el crecimiento industrial y la capacidad administrativa para gestionarlo de forma eficiente.

El partido de hoy se juega a mucho más largo plazo

Hoy es día para ponerse la camiseta de tirantes. No por capricho, sino porque la realidad lo merece. Que Volkswagen Navarra presente su primer modelo eléctrico en un contexto de transformación industrial global no es un simple hito empresarial; es un mensaje a la competitividad de toda España. Que Landaben lidere la electrificación de una marca alemana con presencia mundial dice mucho sobre la calidad de su mano de obra, sobre la modernización de sus instalaciones y sobre la capacidad de adaptación de una comunidad que ha sabido resistir temporales de toda índole.

Aún quedan retos enormes. La transición eléctrica no es un camino de rosas, y la competencia global se intensifica cada trimestre. La necesidad de atraer talento tecnológico, de modernizar las infraestructuras energéticas y de mantener el diálogo social en un entorno de incertidumbres geopolíticas exige una narrativa clara y, sobre todo, coherencia política. No vale con anunciar presentaciones espectaculares si después las decisiones administrativas van en contra de lo que la industria necesita. Cuidado, que a ver si vamos a perder votos por tomar decisiones precipitadas, pero también cuidado con no tomarlas cuando el mercado no espera.

Lo que sí es innegable es que este jueves, bajo el sol de Landaben, Navarra ha dado un paso firme. El ID. Cross es la prueba tangible de que cuando Volkswagen se abriga, Navarra también se abriga. Y de que, a veces, cuando la marca se pone las camisetas de tirantes, toda la comunidad puede hacer lo mismo con la cabeza alta. El partido no ha terminado, pero el gol está en el marcador.

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