Tudela celebra su día grande en honor a Santa Ana con una multitudinaria procesión por el Casco Antiguo

Iñaki Urdániz Munárriz
Iñaki Urdániz Munárriz
Actualidad | Periodista especializado en actualidad y análisis social con experiencia en diversos medios de comunicación. Dedicado a cubrir las noticias más relevantes del día a día, aportando siempre una visión clara, rigurosa y comprometida con la verdad informativa.
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Santa Ana Tudela

La jornada festiva de Tudela: Tradición y devoción en torno a la patrona de la ciudad

Tudela, ciudad emblemática de la Comunidad Foral de Navarra y capital de la Ribera, ha celebrado este domingo su jornada grande dentro del ciclo festivo dedicado a Santa Ana, patrona de la localidad. La ciudad ha salido masivamente a la calle para vivir una de las efemérides más arraigadas del calendario cultural y religioso del centro-sur navarro, congregando a cientos de vecinos y visitantes en un escenario que combina fervor devotionario, tradición taurina y vida en la vía pública. El acto central de la mañana ha sido una procesión multitudinaria que ha recorrido las calles del Casco Antiguo, el corazón histórico de Tudela, devolviendo a las plazas y rincones medievales el esplendor de una festividad que constituye el epicentro de la identidad local.

Las fiestas en honor a Santa Ana representan para Tudela mucho más que un mero evento lúdico: son un reflejo vivo de la estructura social, la religiosidad popular y las tradiciones taurinas que han configurado la vida de la ciudad durante generaciones. La procesión, punto álgido de la mañana dominical, ha reunido a las diferentes hermandades y cofradías locales bajo un ambiente de recogimiento y celebración simultánea. Este tipo de manifestaciones procesionales en el Casco Antiguo de Tudela tienen su origen en siglos de devoción mariana y patronal, y su mantenimiento responde a un compromiso colectivo de preservación del patrimonio inmaterial que define a la localidad ribereña.

Desde una perspectiva de análisis festivo y sociocultural, las celebraciones de Tudela se sitúan dentro de una tipología de fiestas patronales que combina tres elementos estructurales: la procesión religiosa, el acto taurino y la reunión vecinal en espacios públicos. Esta tríada ha sido durante décadas el eje sobre el que gira la vida social de numerosas localidades navarras, y Tudela no es una excepción. La presencia de las imágenes de la patrona, el recorrido por calles empedradas y el encuentro de las distintas tallas ante la iglesia de Santa María la Magdalena configuran un ritual que trasciende el mero espectáculo para convertirse en un acto de afirmación identitaria.

El contexto regional de estas fiestas no puede desvincularse de la realidad económica y turística de la zona. Tudela, que ya de por sí experimenta un flujo constante de visitantes atraídos por su patrimonio monumental, su gastronomía y su ubicación estratégica en la cuenca del río Ebro, ve en estas celebraciones una oportunidad para reforzar su proyección como destino cultural. Actividades como la procesión del día grande generan un impacto percibido en el sector hostelero, el comercio local y los servicios de la ciudad, algo que las políticas municipales han sabido integrar dentro de una estrategia más amplia de dinamización urbana. En este sentido, las fiestas de Santa Ana funcionan como un laboratorio de convivencia ciudadana y como un escaparate de la oferta cultural de Tudela ante el conjunto de Navarra y de la España peninsular.

La organización de la jornada ha corrido a cargo de la Comisión de Fiestas y de las distintas asociaciones vecinales, que durante meses trabajan en la coordinación de actos, la gestión de recursos y la seguridad de los participantes. La complejidad logística de un evento de estas características, que moviliza a miles de personas por un entorno urbano de calles estrechas y edificaciones históricas, exige una planificación meticulosa que abarca desde la instalación de vallados perimetrales hasta la coordinación con los servicios de emergencia y el cuerpo policial municipal. El resultado de ese trabajo preparatorio se ha evidenciado en una jornada que, pese a los incidentes registrados en el ámbito taurino, ha transcurrido con normalidad en sus principales actos públicos.

El artículo profundiza a continuación en los detalles de la mañana festiva, analizando tanto la dimensión religiosa y procesional como los aspectos técnicos del segundo encierro de las fiestas, que ha dejado un balance de heridos que merece un análisis detallado.

El segundo encierro de las fiestas: Datos técnicos y análisis de la carrera matutina

La jornada festiva había comenzado bien antes de que la procesión tomara las calles del Casco Antiguo. El segundo encierro de las fiestas en honor a Santa Ana ha tenido lugar en la mañana del domingo, con los toros de la ganadería de Rosa Rodrigues como protagonistas absolutos de una carrera que se ha desarrollado por el itinerario habitual del recinto urbano. Las características de esta suelta taurina obedecen a los parámetros técnicos que definen los encierros de Tudela: seis astados de procedencia y encaste definido, un recorrido aproximado de varios cientos de metros entre los corrales de salida y la Plaza de Toros, y la presencia de corredores que, a pesar de tratarse del día grande de las fiestas, han sido menos numerosos de lo esperado para la categoría de la jornada.

Los expertos en cronometraje taurino han registrado que los toros han tardado menos de dos minutos y medio en cubrir el trayecto desde su suelta hasta la llegada a la plaza, lo que sitúa la velocidad media de la manada en un rango que los aficionados consideran óptimo: ni excesivamente lento, lo que denotaría falta de bravura, ni peligrosamente rápido, lo que elevaría el riesgo para los corredores. Sin embargo, el tiempo total del encierro no se ha dado por concluido hasta los 3 minutos y 6 segundos, una cifra que incluye la demora producida en la fase final de la entrada de la manada en los corrales. Este tipo de retrasos en la fase de recogida no son infrecuentes en los encierros urbanos de la Ribera navarra y suelen obedecer a la confluencia de varios factores: la pendiente del último tramo del recorrido, el número de toros que entran de forma escalonada y la necesidad de que los puertaños cierren las puertas de acceso a los corrales con precisión para evitar que algún animal quede aislado en el trayecto final.

Uno de los puntos críticos del recorrido se ha situado, como en ediciones anteriores, en la curva de Almajares con la avenida de Zaragoza. Este punto del trazado urbano ha sido históricamente señalado como una zona de riesgo por la geometría de la curva, que obliga a los corredores a reducir la velocidad en un momento en el que los astados mantienen su impulso. Las autoridades taurinas y los servicios de seguridad han identificado este tramo como el más delicado de todo el itinerario, y las medidas de contención desplegadas en esta zona suelen incluir vallados adicionales y la presencia de agentes de policía municipal en posiciones estratégicas.

No obstante, a pesar de las precauciones, el encierro ha dejado un balance que merece atención. El segundo encierro no ha registrado grandes complicaciones en términos de incidents graves de carácter general, más allá de algunas caídas aisladas que, si bien han provocado momentos de alarma, no han tenido consecuencias de gravedad para la mayoría de los afectados. El caso más destacado ha sido la caída de uno de los corredores junto a las astas de los animales en la curva de Almajares, momento en el que la manada le ha pasado por encima sin que el individuo sufriera consecuencias físicas más allá del susto. Este tipo de situaciones, en las que el corredor queda en el suelo y los toros pasan sobre él sin causarle daño directo, son relativamente habituales en los encierros bien organizados y responden a la combinación de la flexibilidad del cuerpo humano al adoptar la posición de protección y de la trayectoria de los animales, que tienden a esquivar obstáculos en su avance.

Sin embargo, el encierro sí ha dejado un herido de consideración que ha requerido intervención médica urgente. Una joven de 28 años ha sido trasladada en ambulancia hasta el Hospital Reina Sofía de Tudela con un diagnóstico de impotencia funcional en una extremidad inferior y una posible fractura de tibia y peroné, ambas lesiones derivadas de la caída sufrida en la curva de Almajares mientras corría por la calle Almajares por delante de los astados. La gravedad de las lesiones, que aún están pendientes de confirmación radiográfica definitiva, ha generado un debate en los ámbitos locales sobre la necesidad de reforzar las medidas de seguridad en los puntos críticos del recorrido, especialmente en curvas con un radio de giro reducido como la de Almajares.

La cifra de corredores participantes en este segundo encierro ha sido inferior a la que cabría esperar para el día grande de las fiestas, lo cual responde a una tendencia que se ha venido observando en las últimas jornadas del ciclo festivo tudentino. Varios factores convergen en esta circunstancia: la saturación de la plaza por las actividades paralelas programadas para la mañana, la percepción de riesgo que asocian algunos vecinos al encierro tras los incidentes de días previos, y la competencia temporal con la propia procesión religiosa, que congrega a un público más amplio y de todas las edades. El balance demográfico de participantes en los encierros de Tudela refleja, además, un envejecimiento progresivo del grupo de corredores habituales, un fenómeno que las peñas taurinas y las asociaciones de vecinos intentan revertir mediante campañas de captación de jóvenes y actividades formativas previas a las fiestas.

La procesión por el Casco Antiguo: El encuentro ante la Magdalena y la devoción colectiva

Si el encierro ha representado la vertiente más visceral y deportiva de la jornada festiva de Tudela, la procesión por el Casco Antiguo ha constituido su expresión más solemne y representativa. El acto central de la mañana ha tenido lugar en las inmediaciones de la iglesia de Santa María la Magdalena, templo de referencia en el patrimonio religioso del casco histórico tudelano, donde se ha producido el tradicional encuentro entre las dos imágenes de la patrona, Santa Ana. Este momento, que congrega a cientos de vecinos y devotos a lo largo del recorrido procesional, responde a una liturgia festiva que combina la efusión popular con un sentido de continuidad histórica que se remonta a siglos atrás.

El recorrido de la procesión ha discurrido por las calles más emblemáticas del Casco Antiguo de Tudela, un conjunto urbano declarado Conjunto Histórico-Artístico que conserva una arquitectura de notable valor, con edificaciones que abarcan desde el periodo medieval hasta el barroco y el neoclasicismo. Las calles estrechas, los balcones engalanados, las fachadas de piedra y el trazado irregular de las plazas confieren al recorrido procesional una dimensión escénica que trasciende lo meramente litúrgico. La procesión de Santa Ana es, en este sentido, también una afirmación del patrimonio urbano de Tudela, pues cada año pone de manifiesto la capacidad de la ciudad para transformar su espacio público en un escenario de celebración colectiva sin perder la esencia de su identidad arquitectónica.

La presencia de las imágenes de la patrona antecede a la devoción de generaciones de tudelanos que han mantenido viva la tradición de Santa Ana a través de periodos de convulsión social, cambios políticos y transformaciones económicas. El hecho de que la procesión congregue cada año a un número significativo de participantes es la prueba de la vigencia de esta devoción y de su capacidad para atraer no solo a los fieles más comprometidos, sino también a familias enteras que ven en la fiesta patronal un vínculo de pertenencia a la comunidad local. Las hermandades y cofradías que participan en la procesión desempeñan un papel fundamental en la organización y el mantenimiento de esta tradición, y su labor suele pasar inadvertida para el gran público aunque constituye el pilar sobre el que se sustenta la viabilidad de los actos centrales de las fiestas.

La procesión ha contado con la participación de la banda de música local, que ha interpretado piezas tradicionales en los moments de mayor solemnidad del recorrido, así como con la presencia de autoridades municipales, representantes de las peñas taurinas y miembros de las distintas asociaciones culturales de la ciudad. La presencia institucional en la procesión cumple una doble función: por un lado, simboliza el respaldo del Ayuntamiento de Tudela a las tradiciones populares como elemento vertebrador de la vida social; por otro, permite a los gestores públicos evaluar in situ las necesidades de infraestructura y seguridad que demandan este tipo de eventos masivos.

Desde el punto de vista de la planificación urbana, la celebración de la procesión por el Casco Antiguo impone restricciones significativas al tráfico rodado y a la actividad comercial en las calles afectadas, circunstancia que las autoridades locales gestionan con antelación mediante el establecimiento de desvíos alternativos y la comunicación previa a comerciantes y residentes. La coordinación entre la Policía Municipal, los servicios de emergencia y los voluntarios de protección civil resulta esencial para garantizar que el desarrollo de la procesión se desarrolle sin incidencias de seguridad que puedan empañar el carácter festivo del acto.

El balance de heridos y la seguridad en los encierros tudentinos: Una realidad que exige revisión

Los incidentes registrados durante el segundo encierro de las fiestas de Santa Ana ponen de manifiesto una realidad que las autoridades de Tudela y los expertos en seguridad taurina conocen bien: los encierros urbanos, por su naturaleza, conllevan un riesgo inherente que nunca puede eliminarse por completo, pero que sí puede y debe minimizarse mediante la adopción de medidas técnicas y protocolarias cada vez más rigurosas. La caída de un corredor en la curva de Almajares y las lesiones sufridas por la joven de 28 años, que ha tenido que ser evacuada con impotencia funcional y posible fractura de tibia y peroné, evidencian la necesidad de un análisis profundo de las causas que han provocado este tipo de accidentes y de las soluciones que pueden aplicarse para reducir su incidence futura.

El punto de la curva de Almajares con la avenida de Zaragoza se ha convertido en el talón de Aquiles de los encierros de Tudela. La combinación de un radio de giro reducido, la velocidad que adquieren los toros en la aproximación a la curva y la proximidad de los corredores a las astas en ese momento crítico genera un escenario de alto riesgo que ha provocado incidentes similares en ediciones anteriores de las fiestas. Los técnicos en seguridad taurina señalan que las soluciones pasan por la ampliación del vallado en esa zona, la instalación de barreras de protección adicionales y la posibilidad de rediseñar parcialmente el trazado del recorrido para eliminar o suavizar la curva más peligrosa.

Desde la perspectiva de la salud pública, las lesiones sufridas por los corredores en los encierros de Tudela se enmarcan dentro de un fenómeno más amplio que afecta a múltiples localidades de la geografía española donde se celebran encierros urbanos. La impotencia funcional que ha presentado la herida, junto con la posible fractura de tibia y peroné, son lesiones que requieren un proceso de rehabilitación prolongado y que pueden tener consecuencias permanentes en la movilidad del afectado. El servicio de Urgencias del Hospital Reina Sofía de Tudela ha activado los protocolos de atención a traumatismos derivados de encierros taurinos, que incluyen valoración ortopédica inmediata, exploración neurológica de la extremidad afectada y, en caso de confirmarse la fractura, valoración quirúrgica por parte del servicio de Traumatología.

Las asociaciones de corredores de Tudela han mostrado, por su parte, una posición ambivalente respecto a las medidas de seguridad. Por un lado, reconocen la necesidad de mejorar la protección de los participantes y admiten que ciertos tramos del recorrido presentan riesgos que deben abordarse con urgencia. Por otro lado, defienden que la esencia del encierro reside en la proximidad entre el ser humano y el animal, y que una excesiva instrumentación de seguridad podría alterar la naturaleza misma de la fiesta, desvirtuando un acto que, en su opinión, forma parte del patrimonio cultural inmaterial de la ciudad.

La discusión sobre el equilibrio entre tradición y seguridad no es exclusiva de Tudela, sino que se reproduce en localidades de toda la geografía peninsular donde se celebran encierros y festejos taurinos similares. En este marco, la experiencia de Tudela puede servir como caso de estudio para la reflexión colectiva sobre cómo adaptar las tradiciones populares a los estándares de seguridad contemporáneos sin traicionar su espíritu original. La clave, según los expertos, reside en una intervención quirúrgica sobre los puntos críticos del recorrido, la mejora de la señalización y la formación de los corredores, más que en la prohibición o la restricción generalizada de una práctica que cuenta con un respaldo social amplio en la Ribera navarra.

Implicaciones para el calendario festivo y el turismo local de Tudela

Las fiestas de Santa Ana en Tudela no son un fenómeno aislado dentro del contexto navarro, sino que se inscriben en un calendario festivo que convierte a la Comunidad Foral en uno de los territorios con mayor densidad de celebraciones populares de Europa. La sucesión de fiestas patronales a lo largo del año, cada una con sus características propias y su identidad diferenciada, configura una oferta cultural que atrae a visitantes de otras comunidades autónomas y de fuera de las fronteras españolas. La capacidad de Tudela para combinar tradición religiosa, espectáculo taurino y vida vecinal en un marco urbano de extraordinaria belleza patrimonial la posiciona como un destino festivo de primer orden dentro de la ruta de las fiestas del norte de España.

El impacto económico de las fiestas patronales en Tudela es significativo y multifactorial. La ocupación hotelera y de apartamentos turísticos se dispara durante los días grandes del ciclo festivo, lo que genera ingresos directos para el sector alojativo de la ciudad. La restauración y la hostelería, sectores ya de por sí dinámicos en la Ribera navarra gracias a la tradición gastronómica de la zona, experimentan un incremento de la demanda que se traduce en cifras de facturación superiores a las de un fin de semana ordinario. El comercio local, por su parte, se beneficia del aumento del tránsito de personas por el Casco Antiguo y de la compra de productos vinculados a las fiestas: vestimenta tradicional, complementos, alimentación para los encierros y las verbenas, y artículos de memorabilia festiva.

En paralelo, las fiestas de Santa Ana contribuyen a la proyección internacional de Tudela. Las localidades que albergan celebraciones de esta envergadura suelen recibir visitas de medios de comunicación especializados en fiestas populares, turismo cultural y tradiciones regionales, lo que genera un efecto de marketing territorial de alto valor. La presencia de medios de comunicación nacionales y autonómicos en Tudela durante las fiestas amplifica la visibilidad de la ciudad más allá de su entorno inmediato, algo que resulta especialmente relevante en un contexto de competencia entre destinos turísticos dentro de la geografía española.

El Ayuntamiento de Tudela y las entidades locales han ido incorporando progresivamente criterios de sostenibilidad y accesibilidad en la organización de las fiestas. La accesibilidad del Casco Antiguo para personas con movilidad reducida, la gestión de residuos durante los días de celebración y la conciliación de los horarios de los actos festivos con las necesidades de descanso de los vecinos son aspectos que han ido ganando presencia en la agenda de los organizadores. Estas medidas, lejos de restar valor a la fiesta, contribuyen a su legitimidad social y a su pervivencia en un entorno urbano cada vez más exigente en términos de calidad de vida.

La situación de las infraestructuras de transporte en la zona ha sido también objeto de atención durante el periodo festivo. Las carreteras de acceso a Tudela y las vías de comunicación internas de la Ribera navarra experimentan un incremento significativo de la intensidad de tráfico durante los días de fiestas, circunstancia que puede generar incidencias como la registrada recientemente en la zona, donde el fuego activado en Castejón ha obligado a cortar la NA-232 y la AP-15, afectando a la conectividad de la comarca. La coordinación entre los servicios de emergencia, la Guardia Civil y la Policía Foral resulta fundamental para garantizar que los desplazamientos de los visitantes hacia Tudela se realicen con las máximas garantías de seguridad.

Perspectivas de futuro: La gestión de la fiesta como activo estratégico para Tudela

El análisis de las fiestas de Santa Ana en Tudela permite extraer conclusiones de carácter estratégico que trascienden el ámbito estrictamente festivo. La gestión de eventos masivos en entornos urbanos de valor patrimonial exige un equilibrio delicado entre la preservación de las tradiciones, la seguridad de los participantes y los espectadores, y la optimización de los recursos económicos y logísticos disponibles. Tudela, con una trayectoria larga en la organización de fiestas patronales, ofrece un modelo de gestión que puede servir de referencia para otras localidades de características similares.

La dimensión turística de las fiestas de Santa Ana constituye un activo que las instituciones locales deben seguir potenciando con inversiones dirigidas a mejorar la experiencia del visitante. La señalización turística del Casco Antiguo, la información sobre los horarios y actividades de las fiestas en canales digitales y la promoción de la oferta gastronómica y cultural de Tudela durante el periodo festivo son áreas de actuación que pueden incrementar el retorno económico de las fiestas para la ciudad. La integración de las fiestas patronales en un producto turístico más amplio, que combine la visita a los monumentos de Tudela, la degustación de la gastronomía ribereña y la asistencia a los principales actos festivos, puede posicionar a la ciudad como un destino de turismo cultural y experiencial de primer nivel.

En el plano institucional, las fiestas de Santa Ana se enmarcan dentro de un ecosistema de eventos y celebraciones que Navarra gestiona a través de un entramado de organismos públicos y privados que incluye el Gobierno de Navarra, la Diputación Foral, los ayuntamientos y las asociaciones culturales y taurinas. La capacidad de coordinación entre estos actores determina en gran medida la calidad y la seguridad de las fiestas, y la experiencia de Tudela demuestra que una planificación rigurosa y una implicación activa de todas las partes interesadas pueden generar resultados positivos tanto para la ciudadanía como para el tejido económico local.

El balance de la jornada grande de las fiestas en honor a Santa Ana es, en definitiva, positivo en sus términos esenciales: una procesión multitudinaria que ha engalanado el Casco Antiguo de Tudela, un encierro que ha cumplido con los parámetros técnicos esperados pese a los incidentes menores y un herido que ha sido atendido con celeridad por los servicios de emergencia. Los retos que se vislumbran para las próximas ediciones de las fiestas apuntan hacia la refinación de los protocolos de seguridad en los puntos críticos del recorrido taurino, la mejora de la accesibilidad de los actos procesionales y la profundización en la dimensión turística y cultural de una celebración que, por derecho propio, forma parte del alma de Tudela.

En el contexto de la política de fiestas y tradiciones populares de España, el modelo tudelano ofrece lecciones valiosas sobre cómo preservar la identidad local sin renunciar a la modernización de las infraestructuras y la gestión de los eventos. La apuesta por la sostenibilidad, la accesibilidad y la seguridad no es incompatible con la celebración de las tradiciones más arraigadas; al contrario, constituye una condición necesaria para garantizar su pervivencia en un mundo que cambia a una velocidad sin precedentes.

La información sobre las fiestas de Tudela se enmarca en un contexto regional más amplio que incluye la actualidad de Navarra en todos sus ámbitos. La comunidad foral mantiene su dinamismo a través de una diversidad de eventos que van desde las celebraciones populares hasta las iniciativas de desarrollo económico y empleo, como la reciente oferta de 5.547 plazas de personal laboral fijo por parte de la Administración General del Estado, que puede impactar en la disponibilidad de recursos humanos para la gestión de eventos públicos de esta naturaleza.

Resumen ejecutivo: Implicaciones estratégicas de la fiesta patronal de Tudela

La celebración del día grande de las fiestas en honor a Santa Ana en Tudela ha congregado a miles de personas en torno a una procesión multitudinaria que ha recorrido el Casco Antiguo de la ciudad, poniendo de manifiesto la vigencia de una tradición festiva que constituye uno de los pilares de la identidad local. El acto central, protagonizado por el encuentro de las dos imágenes de la patrona ante la iglesia de la Magdalena, ha representado la culminación de un proceso de preparación que involucra a hermandades, cofradías, peñas taurinas y asociaciones vecinales durante meses de trabajo previo.

En paralelo, el segundo encierro de las fiestas, protagonizado por los toros de la ganadería de Rosa Rodrigues, ha ofrecido un balance técnico que sitúa la duración del recorrido en menos de dos minutos y medio, con un tiempo total de 3 minutos y 6 segundos hasta la finalización completa de la entrada de la manada en los corrales. El incidente registrado en la curva de Almajares, con una joven de 28 años trasladada con impotencia funcional y posible fractura de tibia y peroné, subraya la necesidad de una revisión de los protocolos de seguridad en los puntos críticos del itinerario taurino urbano.

Desde una perspectiva estratégica, las fiestas de Santa Ana en Tudela representan un activo económico y cultural de primer orden para la ciudad y para la Ribera navarra. La capacidad de la localidad para combinar tradición religiosa, espectáculo taurino y turismo cultural en un entorno patrimonial de alto valor la posiciona como un referente en el calendario festivo de España. La clave para el futuro reside en la capacidad de las instituciones locales y de la comunidad tudelana para gestionar este activo con un enfoque que integre seguridad, accesibilidad, sostenibilidad y promoción turística, asegurando así la continuidad de una fiesta que, en esencia, es una expresión de la identidad colectiva de una ciudad que mira al pasado con orgullo y al futuro con determinación.

La experiencia de Tudela en la organización de sus fiestas patronales ofrece, además, un modelo replicable para otras localidades que enfrentan desafíos similares en la gestión de eventos multitudinarios en entornos urbanos de carácter histórico. La inversión en infraestructuras de seguridad, la formación de voluntarios y la integración de la tecnología en la comunicación y la coordinación de los servicios de emergencia son áreas de mejora que pueden potenciar la calidad y la seguridad de las celebraciones sin comprometer la esencia tradicional de las mismas.

En definitiva, Tudela ha demostrado una vez más que sus fiestas de Santa Ana son mucho más que una celebración religiosa o un espectáculo taurino: son un acto de afirmación comunitaria, un motor económico para la ciudad y un escaparate de la riqueza cultural y patrimonial de la Ribera navarra. La multitudinaria procesión por el Casco Antiguo, los encierros matutinos y la devoción colectiva hacia la patrona confluyen en una experiencia festiva que refuerza el sentido de pertenencia de los tudelanos y que proyecta la imagen de una ciudad viva, acogedora y profundamente arraigada en sus tradiciones.

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